• 26Ene2015

    En su libro Transformación y sanación (Ed. Paidos), Thich Nhat Hanh hace un comentario del “Sutra de los cuatro fundamentos de la consciencia” (Satipatthana sutra). En un párrafo de dicho sutra se hace la siguiente afirmación: “Además, cuando un practicante camina, es consciente de: “Estoy caminando”. Cuando está de pie, es consciente de: “Estoy de pie”. Cuando está sentado, es consciente de: “Estoy sentado”. Cuando está estirado (acostado) es consciente de : “Estoy estirado”. En cualquier posición que se encuentre su cuerpo es consciente de la misma”.

    A propósito del texto anterior, dice Thay: “Este ejercicio trata de observar con atención vigilante las posturas que adopta el cuerpo. No es sólo un ejercicio para practicar en el momento de meditar sentado en la sala de meditación. Esta práctica se puede utilizar durante todo el día para ayudar al practicante a permanecer en plena consciencia. Cuando se hace la meditación caminando en la sala de meditación o en el exterior, el practicante puede combinar su respiración con sus pasos para permanecer establecido en la plena consciencia”.

    A veces el practicante tiende a apegarse a la forma y pensar que sólo la meditación sentada tiene entidad como tal. Erróneamente pensamos que la calidad de la meditación sentada no la consiguen ni la meditación caminando ni ningún otro medio.

    Es así que os proponemos esta práctica para desidentificarnos de una sola forma de meditar. En concreto la práctica que os proponemos es un buen medio para hacer el tránsito entre la meditación sentada y el resto de nuestra actividad diaria, es un puente que nos ayuda a manejarnos en plena consciencia en cada momento.

    ¿Cómo hacer entonces esta práctica para que nos provea de pericia para afrontar la plena consciencia en la vida diaria?

    Como dice Thay en su comentario, uniremos la respiración con las cuatro diferentes posturas corporales, de forma que nos ayude a permanecer establecidos en la plena consciencia.

    Partimos de la posición “de pie”. Inspiramos y espiramos de cuatro a seis veces en plena consciencia y sin forzar. No demasiadas respiraciones porque entonces la práctica perdería su carácter dinámico. Prestamos atención a la espalda, rodillas ligeramente flexionadas, etc..

    Después pasamos a la posición “caminando”. Cada vez que planto el pie hago una espiración. Planto el pie con mucha suavidad, como si besara la tierra, pero con mucha atención a ese suelo y ese contacto.

    Después, nos tumbamos y pasamos a la posición “acostado”, volvemos a hacer en esa posición de 4 a 6 respiraciones.

    De esta posición pasamos a la posición “sentado”. Importante observar también las transiciones entre una y otra postura. ¿Cómo nos incorporamos? ¿Sobre qué brazo nos apoyamos? Prestad atención a todos vuestros movimientos.

    Es importante no apegarse a ninguna forma en particular. No sería muy conveniente quedarnos solo con una de las posiciones porque nos resulte más agradable o dedicarle más respiraciones a una que a otra posición corporal. Ya decimos que el objetivo de esta práctica es aumentar la capacidad de concentración, desidentificarnos con una única forma de meditar y abandonar el apego o preferencia a una de ellas en particular.

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    Meditación de las cuatro posturas del cuerpo
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Actividades 2016 / 2017

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